La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

Baño en el Orinoco

Se levantó preso de una gran excitación. Apagó la máquina de revelar y entregó los sobres a la encargada del mostrador, recibió su sueldo de viernes y salió del laboratorio fotográfico. Una de sus botas se había agujereado y por ella entraba el agua de la lluvia, empapando su pie en charcos insolentes y aleatorios que siquiera se esforzaba en esquivar. No llevaba paraguas, ni manga larga, hacía frío, pero eso no le devolvió a la realidad; seguía pensando en las vidas que acababa de contemplar, aquellas que le llenaban de placeres ajenos. Llegó a la cancela de su casa y abrió el buzón, nada, no había nada. Tomó el ascensor y tras él, su puerta. La enfermera se cruzó con él en el quicio y se despidió, "adiós, está a punto de acabarse esta cara, ya le dará usted la vuelta cuando eso ocurra". Entró en casa, su esposa le esperaba echada en la cama, medio chalada y con el tocadiscos puesto, escuchando una y mil veces la misma canción. El pasó por el marco de su habitación y levantó una mano como único saludo. Ya habría tiempo para afrontar lo que hubiera que afrontar. Pero no inmediatamente. Se sacó el abrigó, se echó en la cama, cerró los ojos. Escarbó en sus bolsillos y rescató una fotografía que se había apropiado sin permiso. En ella, una hermosa mujer mandaba besos a la cámara, muchos, como loca, mientras la cobriza capa de aguas del Orinoco se secaba sobre su piel. Tomó la fotografía y la estrechó contra su pecho, rodeó el contorno de su cara con los dedos y sonrió esperando respuesta. No la hubo. No supo si la habría algún otro día. El disco acabó su periplo y cerró de un portazo todas las ilusiones. "¡Ven! ¡ponlo de nuevo!¡que me pierdo el baile!". El abrió lentamente el cajón de la mesilla de noche y mientras se tiraba del sueño reconociéndolo imposible, colocó su tesoro junto al casi centenar de fotografías robadas de mujeres que yacían en el fondo del cajón, y que habían sido inmortalizadas mandando besos, mirando a cámara y sencillamente sonriendo con un amor en los ojos absolutamente envidiable.

Domingo, 16 de Enero de 2005 18:05.

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Autor: La Donna

¿Quién no ha repasado el sobre de las fotografías y ha encontrado a faltar alguna?

"¡Qué pena, con lo guapa que te había sacado!"

Fecha: 16/01/2005 23:28.


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